Frecuentaba el lugar al menos unas dos veces al mes, me tomaba generalmente un par de cervezas, esas de tercio, eso si, que aparte de ser la de mejor calidad tenia mas contenido. Iba con la idea de despejarme y escapar de la rutina del día a día. Me fascinaba estar en medio de gente música humo y licor. No era el mejor sitio de la zona, pero si uno de los mas antiguos y entre todos el que mas me gustaba.
Estaba ubicado en un callejón un tanto peligroso, tenia dos pisos, pero me encantaba estar en el de abajo, era como estar en otra época, una barra rectangular de madera con bancos alrededor de ella, en el centro la consola musical y las bebidas, del techo colgaban jamones de tiempos inmemoriales quien sabe si de verdad o de mentira, unas botellas sin destapar cubiertas de polvo en la parte alta de la barra, una cabeza de toro decora una pared lateral y una luz tenue ilumina la sala del viejo local caraqueño.
Allí, en la parte baja del local, se sentaban personas en su mayoría entre 40 y 50 años, aunque se podía ver a alguno que otro joven. Eran hombres solitarios, como yo, con la intención de filtrear, compartir entre amigos o simplemente de conocer a alguien con quien conversar,. Algo si era muy cierto, todos huían de algo, quizás de la cotidianidad de su vida fuera de ese lugar. La música de todas las épocas que muchos cantaban a veces a viva voz era lo que para mi, aparte de lo bohemio del lugar, me mantenía visitándolo con frecuencia.
El local era atendido por el viejo Juancho. Dicen que el viejo esta allí desde que se puso la primera piedra del local, que ha cambiado de nombre y ha sido remodelado tantas veces, pero se mantiene trabajando en ese bar. Juancho es un viejo regordete con una apariencia de cascarrabias, se le ve vestido siempre con la chemisse verde manzana que lleva por fuera, unos jeans desvencijados y una gorra volteada. Siempre se le ve con un cigarrillo en la boca a un extremo. Te hacia una seña y le hacías el pedido. solo respondía cuando preguntaban el precio o que era lo que se vendía, o si no escuchaba la orden. Era alguien poco conversador. Las únicas personas con las que hablaba Juancho eran los viejos clientes de la Tasca, a quienes conocía de hace mucho, y solo lo hacia para comentar acerca de política, de fútbol o alguna que otra broma con las que todos reían.
Es aquí en el bar donde confluyen personajes e historias que se parecen a ti, a mi a cualquiera, un bar donde nos tomamos un coktail de letras.
Me encanta la cotidianidad de los relatos!
ResponderEliminarexcelente bro me traslade al lugar, me provoco ese tercio que mencionas.
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