Quizás es muy tarde para hablar del día y es probable que la lluvia no sea mas que lluvia en una noche calurosa de junio, pero mi mente solo quiere despegarse del mundo en que respiro y decide darle rienda suelta a todo lo que deseo….
Resulta inevitable el miedo al sol después de estar tanto tiempo sumido en la ceguera, resulta inexplicable que mi irreverencia se doblegue ante un sentimiento inusual que me inunda la cabeza de pensamientos que la rondan como anillos a saturno, pareciera cosa imposible que mi mente se vaya llenando con flechas que guían a la salida de un laberinto en el que me encontraba sumido.
La idea de una nueva maravilla surge en esa parte de mi cerebro y mis manos quieren construirla, como construye una flor de papel y se regala cuando sabes que una flor es inútil, que se moja, que se rompe, pero que el recuerdo del momento queda presente en la memoria del ser a quien la otorgas.
Maravillas que se construyen entre caricias, besos y piernas entrelazadas con dos rostros que se miran y de ellos brotan sentimientos sin nombre que se gritan con la boca cerrada.
Maravillas que se logran con palabras que son tan pesadas que el viento no se las lleva, que dejan huellas en eso que llamamos corazón…. si, en ese mismo musculo que se acelera al escucharlas.
Maravillas que crecen con los pequeños detalles superfluos pero que al fin se amontonan como las gotas de lluvia que caen esta noche y se convierten en ríos caudalosos de sonrisas.
Maravillas que como la música estremecen nuestros sentidos y cuyas notas se convierten en pinceles para pintar otras maravillas.
Maravillas como la lluvia que cae en una cálida noche la refresca con su brisa para dar paso a una maravillosa mañana con un cielo despejado y un sol que irradia toda su energía un día que si queremos puede ser sublime…
Maravillas impolutas, infinitas y fugaces a la vez... pero maravillas al fin.
Excelente!!!!
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