Le gustaba
la velocidad. Cada jueves se iba a una
bomba de gasolina famosa en la ciudad a lucir su carro junto a otros corredores
ilegales. Si, su carro era su niña bonita… todo lo que ganaba en su trabajo y
en las carreras nocturnas caraqueñas se lo invertía a su auto para tenerlo tunning. Pocas veces perdía una carrera, a sus 24 años
era diestro al volante porque aprendió a conducir alos 12. Aquel jueves iba contento a correr. Salio de casa subió a su carro se sentó, encendió el radio a alto
volumen, al son de la música electrónica encendió el automóvil, los resonadores a esa hora estremecieron la cuadra, tomó la autopista y aceleró, sentía la
adrenalina de la velocidad en la autopista, iba cada vez más rápido, sorteaba las
curvas con agilidad, y también los carros que veía en el camino con la destreza
de un niño experto en videojuegos de autos. La Autopista de madrugada era el
lugar perfecto para desestresarse.
Seguía corriendo, la aguja del marcador marca 120 KPH, va recto, sonríe con el volante en la mano 130 KPH, luces encendidas la brisa mueve su cabello, siente frió pero lo disfruta,.
140 KPH, se acerca otra curva la sortea sin soltar el acelerador. Rueda
veloz el automóvil los postes de luz se hacen cada vez más fugaces, las
líneas de la vía se hacen cada vez mas una sola línea… é es incapaz de frenar.
Corre sonríe su cuerpo se relaja en la butaca, la brisa fría rosando su rostro
y el pie pisando el acelerador…. Corría hasta que sin frenar, sin dejar de ver
la vía, solo giro un poco el volante apretó los ojos y piso más fuerte el
acelerador…. Se fue de frente contra una defensa en una desviación en la
autopista, no tenia cinturón de seguridad…. La niña de sus ojos, su carro,
quedó destrozado. Él, murió con el impacto.
Hermes
Sánchez, 24 años, tenía novia y era ingeniero recién graduado.
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