martes, 7 de marzo de 2017

Segunda despedida

Aun recuerdo el día en que te conocí, allí sentada coqueta, entre amigas, la verdad nunca pensé que una cara bonita podría poner mi mundo de cabeza en tan poco tiempo..,  Sin embargo fue bonito ver como yo evitaba ser tan torpe y buscaba agradarte, y entonces me vestía más arreeglado y me ponía perfume y buscaba la excusa perfecta para hablar contigo... Fue muy difícil captar tu atención.


Un día aceptaste, salimos al parque, fue muy gracioso descubrir a tu padre espiándonos de lejos mientras nosotros intentábamos ocultarnos, la verdad como ese muchos fueron los momentos de risa, Leticia, No se por qué tuvo que terminar.

Una torta de chocolate fue la sorpresa el día que mi mejor amigo tomo el vuelo a otra tierra a buscar un mejor futuro, una enorme jarra de café y una caja de cigarrillos me trajiste cuando mamá fue al encuentro del que ella llamaba su dios; y, en mi acto de grado, aplaudiste mi discurso en primera fila. No se por qué tuvo que terminar.

Si, Leticia, yo me enamoré, quién iba a pensarlo, ¿verdad?  yo, un hombre rebelde sin causa que no pensaba en el futuro ni en más nadie me enamoré y de ti una chica con las que todos querrían estar, el amor platónico, el trofeo que todos querían ganar. Sin embargo, yo si me enamoré de ti mas allá de todo lo que otros de ti deseaban.

Llegó el día de nuestra boda, no te hizo mucha gracia que tu papa te entregara un poco pasado de tragos en el altar, tampoco te hizo mucha gracia que mi hermano fuera descubierto con una dama de honor en el baño de la recepción mientras ella... bueno, detalles y anécdotas graciosos que jamás olvidaremos de cuando decidimos unir nuestras vidas "hasta que la muerte nos separe"

Me pregunto qué hice, todavía pienso que tal vez no fui lo suficiente para ti, o que posiblemente no te dí lo que merecías. No tuvimos hijos, es cierto, quizás fue eso? que no podía darte una alegría tan grande? pero eso se podía solucionar de otras formas, no tuviste que ser tan radical.

Todavía me cuesta un poco perdonarte, de hecho yo aun no me perdono las veces que llegue tarde del trabajo, las veces que te deje la comida servida en la mesa o aquel cumpleaños en que llegué ebrio mientras me esperabas junto a mis amigos para darme una sorpresa. Todavía no me perdono el no haberte llevado flores el primer San Valentín estando casados pero, era eso motivo para que te fueras de esa manera. Créeme es muy difícil perdonarte a pesar de los recuerdos bonitos.

Quizás no fui el esposo perfecto para ti, pero no creo que yo haya sido tan malo. Te di todo lo que estuvo en mis manos darte, se que siempre fui medio torpe pero todo tenía solución. Mis detalles siempre fueron pocos pero todos te hacían llorar de alegría, como el cachorro que te traje aquel aniversario muy a pesar de que tu querías un perro en casa y yo no, o que odiabas lavar los platos y nunca durante nuestro matrimonio lavaste uno.

Nos dimos tanto y todavía no entiendo la razón por la cuál todo termino de esa manera.

El día que decidiste irte sin intención de volver me despedí de ti con un beso y fui a trabajar. No sabía que encontraría sobre la mesa una nota con solo una palabra: ¡Perdón! y tu cuerpo tendido en la cama, inerte, pálido sin vida, las sábanas ensangrentadas por completo y una hojilla en el suelo. 

Aun tengo el papel, la policía cerró la investigación y me permitió conservarlo. Lo tengo justo aquí, en la mesa donde escribo esta carta de despedida, esta segunda despedida. Es que esta vez no me despido de ti o quizás si, no puedo creer que te hayas ido y debo ir a buscarte, no se si nos reencontraremos, aunque en este momento ya no llore tu ausencia y ya nada me importe porque nada tiene sentido. Me dejaste solo.

Dejaré esta nota por aquí, Leticia, por si vuelves sepas que me fui a buscarte a la eternidad.

Fabricio Mejías, 35 años, administrador, viudo. Nota dejada en la mesa de su apartamento justo frente a su cuerpo colgado de un tubo en el techo.


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