No fue la noche que brindaba su brisa cálida, tampoco la luna que no se veía por ningún lado desde mi ventana, tampoco fue la soledad que estaba sentada a mi lado mientras me tomaba un trago, que por cierto tampoco tuvo la culpa. Tampoco fue el causante el mal día, mucho menos la música que sonaba, creo que poco tuvieron que ver los versos de aquel libro que me ocupaba en leer.
No fue la noche, tampoco la pícara luna llena que nos miraba entre tragos y cigarrillos, risas, chistes y alborotos. No fue culpa de la noche que te dedicara una canción, tampoco el hecho de que rosara tu pierna por debajo de la mesa ni de la sonrisa circunspecta que se cruzaba con tu mirada.
No fue culpa de la noche que horas más tarde te tuviera en mis brazos, con nuestros cuerpos enredados, entre besos sabor a licor y tabaco, tampoco fue la causante de que me fuera sin despedirme, sin una nota, sin un mensaje, sin dejar ninguna forma de contacto...
No fue la noche la culpable de que te diera un beso mientras dormías, tampoco de que huyera de ti, de un posible futuro contigo, de un amor bonito o un golpe doloroso. No, no fue culpa de la noche porque no hubo culpa en conocerte, vivirte, quererte solo una vez y partir sin decir adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario