Vivía de lo que comía en la basura, dormía donde lo agarraba la noche. Recogía latas y no le tenía miedo a nada, a nadie. Se bañaba de vez en cuando en algún chorro de agua que conseguía en medio de la vía. Siempre cargaba un bolso donde tenia dos mudas de ropa, un vaso plástico y una taza tupperware que encontró en un container de basura. Le gustaba cantar en voz alta y de vez en cuando, solo por diversión correteaba a las niñas que salían de los liceos y se reía. No trataba a nadie, no se acercaba a nadie no pedía nada. Cuando llovía bailaba y cantaba bajo la lluvia.
Chente había quedado en la calle luego de que muriera su madre, cayó en el alcohol y no tuvo el apoyo de su familia. Estuvo viviendo de la caridad de la iglesia un tiempo pero sus borracheras lo hacían meterse en problemas.
Tenía seis años viviendo en las calles, e increíblemente nunca dormía en la misma calle pues caminaba y caminaba y se las arreglaba para conocer. Sus viajes eran caminando y viviendo a medias, pero libre, libre de juicios, libre de tener que responderle a un jefe o a una mujer o de tener que atender unos hijos que nunca tuvo. Chente hacía lo que quería... sin dinero, pero hacia lo que quería.
Una vez juntó una plata lavando carros y llegó a la costa de Choroní, se baño en la playa, paso el día sin comer y se devolvió y estuvo un buen tiempo deambulando Maracay. y se sabe que volvió a Caracas montado en la parte de atrás de una pick up en la que se montó a escondidas y que se salvó de una buena paliza porque corrió como alma que lleva el diablo.
La mañana de un lunes, Chente se levanto tempranito antes de que el sol saliera, a pesar de que nunca tuvo problemas de tiempo ese día quiso ver el amanecer en la ciudad que lo vio nacer, nadie sabe cómo, pero se las arreglo para verlo desde la terraza de un edificio muy alto.... Contemplo con lágrimas en los ojos como se iba iluminando poco a poco la ciudad y sentado en el borde de la terraza, cuando el ultimo rayo de sol termino de salir, saltó.
Mientras caía, pensaba en que se abría paso a una nueva libertad, y lo único que pudo ver durante esos dos segundos durante los que la gente piensa que puedes recordar toda una vida solo pudo plasmar en su mente el momento en que nació y el momento en que vio morir a su madre. Su cuerpo quedó tendido en la acera algunos dicen haber visto el cadaver con una sonrisa en el rostro.
Vicente (Chente) Terán, 46 años, alcoholico, abogado, indigente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario